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Ciclotimia

Pasan de la euforia a la depresión en cuestión de segundos. Incapaces de controlar su temperamento o de sentir emociones placenteras, acaban enfadados o irritables. Catalogados de lunáticos, un sentimiento de culpa les embarga a menudo porque no pueden controlarse. ¿Pero por qué cambian de humor constantemente?

Adriana Giannini

Surya-Aruna“De pronto, me siento feliz como nunca y con una energía inagotable, pero al segundo, y sin saber muy bien por qué, cambia mi estado de ánimo y me entra un bajón espantoso. Es una situación que recuerdo haber vivido desde que era adolescente”, confiesa David, de 29 años.

Estos cambios bruscos de carácter sin razón aparente es lo que los especialistas llaman ciclotimia. “Se caracteriza por cambios en el estado de ánimo, que van desde una depresión leve o moderada a un estado eufórico de gran excitación, sin que se produzca un cambio importante en sus circunstancias”, explica la psicóloga clínica Silvia Álava Sordo.

Suelen ser personas a las que les cuesta mucho controlarse y que explotan ante la mínima contrariedad. Un atasco, un retraso, una avería en el metro o en la lavadora bastan para provocar en ellos la cólera y el mal humor.

 

No soportar la frustración

Esta susceptibilidad a flor de piel revela una gran incapacidad por hacerle frente a los acontecimientos y soportar la frustración. Funcionan muy bien cuando se sienten activos llegando a un aumento de la productividad, compromiso exagerado en actividades dispares y escasa necesidad de sueño. Pero cuando pasan al polo depresivo, sienten una profunda tristeza, no se ven capaces de realizar nada y se aíslan de los amigos, como señala la psicóloga clínica Paloma Méndez: “Cuando alguien está estresado, tiene días mejores y peores, pero su nivel anímico suele ser estable. En cambio, en el ciclotímico, la ambivalencia afectiva y el nulo control de las emociones negativas repercute negativamente en sus relaciones”.

Esto es lo que le ocurre a Francisco, de 38 años: “Cuando me vuelvo irascible, suelo romper con mi pareja de largo tiempo y acto seguido, me embarco entusiasmado en una nueva relación, creyendo que es la mejor de mi vida. Paso unos días en el limbo y, otra vez, me derrumbo”. Algo muy difícil de vivir para el entorno de estas personas y para ellas mismas, que no entienden a qué se deben estos cambios de humor. Pero autocompadecerse no sirve de nada. Hay que saber que este comportamiento puede esconder una herida debida a un trauma o sufrimiento que la persona ha escondido en los más profundo de su subconsciente y que surge, sin quererlo, en cualquier momento.

 

¿QUÉ HACER?

  • Buscar el desencadenante. Cuando un estímulo cualquiera cambia drásticamente tu estado de ánimo, siéntate a pensar qué hay Ciclotimiadetrás. Quizá, la razón sea alguna tristeza reprimida, alguien que en el pasado te ofendió... La idea es que asocies el desencadenante con lo que hay más allá para superar esa melancolía latente.
  • Canalizar los humores. Si deseas aprender a controlar tus emociones, nada mejor que recurrir al yoga, artes marciales o gimnasia china para tomar conciencia de tu fuerza interior y reconciliar cuerpo y espíritu. Todas estas disciplinas nos ayudan a canalizar nuestras energías y a controlar las situaciones inesperadas.
  • Apoyarte en los amigos. Si has roto el soporte social por causa de los vaivenes de tu carácter, hazte consciente de lo que te ocurre y coméntalo a quienes te aprecian.
  • Para el entorno. ¿Ya no soportas sus cambios de humor intempestivos que hacen que la atmósfera sea irrespirable? ¿Sólo tienes ganas de salir corriendo? Hay que evitar empeorar la situación reaccionando con enfado ante su actitud o dándole la espalda al ciclotímico. Primero, intentar dialogar con él. Recuérdale, sin herirle, las situaciones en las que su actitud te ha hecho daño. La finalidad: que tome conciencia de que tú no eres responsable de sus contrariedades y empujarle a reflexionar sobre las verdaderas razones de su comportamiento.

Artículo extraído de la Revista Psychologies.

Recuerda

Recuerda que... A veces quien menos crees, es quien más te enseña, y a quien menos das, es de quien más recibes…  A veces de quien menos es...